Hablar del perfecto sommelier es como hablar del crimen perfecto, del hombre o de la mujer ideal. Aún no existen. Pero sí existe la aspiración de ser mejor.
Un sommelier no tiene una nariz privilegiada, como cree la gran mayoría de la gente. Posee, en cambio, vocación de servicio, incansable entrenamiento a conciencia, gran desarrollo de técnicas de cata. Se preocupa por la constante incorporación y memorización de etiquetas, por el registro de nuevos aromas para luego descubrirlos en el vino y alimenta una cultura general que se reproduce también en el mundo del vino.
Muchas veces me han preguntado: Un sommelier ¿nace o se hace? ¿Es privilegiado o capacitado? ¿Es un sabio maestro o un discípulo experimentado? Algunas respuestas están esbozadas humildemente en este libro.
Alejandro Barrientos.
Los mejores maridajes, combinados por expertos profesionales en una noche de exclusiva sensaciones..